


tl;dr 4/10
En medio de la oscuridad es natural buscar un poco de luz. A unos pasos de Santa Margarita, en un mar de casas apagadas, este local brilla con una intensidad que se alcanza a ver desde Periférico. Y como polilla guiada a la luz, caí en la trampa de la expectativa.
El escenario prometía lo habitual: confitado, vapor y trompo. Los pilares de la taquería clásica. Pero la luz del letrero fue lo único brillante de la noche; en el plato, la realidad fue mucho más opaca.
El pastor se veía desteñido; el bistec, plano e insípido; el chorizo, francamente incomible. Y las salsas, un elemento que podría salvar cualquier barco que se hunde, aquí eran agua con color: sin cuerpo y sin carácter.
Lo único rescatable fue la tripa y el suadero, aunque con asteriscos técnicos importantes. La tripa tiene un sabor aceptable, pero la terminan en la plancha, negándole esa textura crujiente que exige la tradición. El suadero, probablemente lo “mejor” de la noche, sufría del mismo mal: buen sabor, pero con una grasa pesada de plancha en lugar de la jugosidad envolvente de un buen confitado.
Es un lugar que llena el ojo con su luz, pero falla en lo esencial: la técnica. Un faro brillante en Periférico que, lamentablemente, se apaga con cada bocado.

Deja un comentario